Ante la luz de un amor prohibido
Esta obra de Iván Segarra Báez, tan signada de un aliento surrealista en la concepción de las imágenes metafóricas, goza de una embriaguez lingüística de exquisita imantación lírica. No debemos intentar descifrar fríamente, en sentido, racional, la poesía de nuestro excelso lírico. El placer de la lectura de su obra implica la embriaguez catártica de dejarnos llevar por la fluidez de su discurso poético tan lúcido como alucinado, pues su virtud estética nace de la razón de la sinrazón, de los delirios clarividentes de su transrealidad existencial y amorosa.
Un erotismo espiritual de acendrada trascendencia metafísica permea su obra, en que ecos de la famosa Generación del Veintisiete en España (Lorca, Cernuda, Aleixandre, Salinas, Alonso, Guillén, Alberti), contribuyen a lograr en su poesía una transparencia clásica de trasfondo cósmico, en su lenguaje primordialmente surrealista, como ya hemos señalado. Es decir, no es un surrealismo oscuro el suyo (aunque suene paradójico). Iván Segarra Báez logra la cristalización de su locura idiomática, en la apasionada expresión de ese dolor azul de amar tan lejos, de soñar líricamente a la persona amada entre las brumas de la distancia. La naturaleza de su amor socialmente prohibido, acrecienta su lunática e iluminada divagación erótica, con una rebeldía implícita por los farisaicos cánones morales del mundo. Y el hablante lírico sueña llevarnos, intuitivamente, al génesis del amor; recobrar el fuego de los ángeles en la autenticidad primigenia propia de toda poesía radicalmente verdadera, como la suya.
Ante la luz de un amor prohibido conjunto de cuatro poemarios reunidos en un poema mayor de intensa unidad fragmentaria, es una simbiosis idónea de Eros y Thánatos; es un monumento lírico al amor mismo en su fuente prístina y sideral, en su libertad desde el vagido del cosmos, más allá de los discrímenes sexuales y de los códigos morales de turno.
Nuestro poeta nos regala, pues, su visión universal del amor en su vorágine lírica, reivindicadora de su corporeidad física y espiritual, en su ardiente ebriedad visionaria; un amor en su profética, cósmica, original, humana y divina desnudez. El amor en su desnudez y libertad esencial, que es el fuego de la Poesía.
por Jaime Marcano Montañez
Poeta Residente de Caguas, Puerto Rico

am-de-ubeda dijo
Saludo, buen proceder el de tus versos.
www.lacoctelera.com/amdeulindenpuertorico
1 Noviembre 2007 | 12:44 PM